Hace ya unos años que me introduje en el mundo de las plantas.
Era un universo al que había intentado entrar algunas veces, pero no se me daban bien.
Bueno, ahora que lo pienso, no le dedicaba el tiempo necesario. Aunque creamos que las plantas son fáciles de cuidar, ya que solo se trata de ponerles tierra y agua... Pues no. Hay mucho más detrás. son prácticamente como bebés. algunas necesitan más cuidados que otras. Algunas son caprichosas y ese rincón no les gusta y se marchitan. A otras no les gusta estar en la calle, y necesitan estar dentro de casa.
Es un sin fin de cuidados que tardas en aprender. No tenía la paciencia para ello.
Además cometí el error de comenzar con un bonsái, porque me parecía bonito. Y ya te podrás imaginar lo que le pasó al pobrecito bonsái; Sí, se fue con san pedro.
Lo dejé durante un tiempo. Y unos años después tocó a la puerta una vecina. Llevaba en brazos una maceta algo grande con una planta puntiaguda. Un aloe vera. Me dio algunos consejos básicos. Me dijo que era un cactus y que no necesitaba mucho riego. Pues dos meses después casi me cargo al cactus. Mira que es difícil matar un cactus. Pero si haces lo contrario a lo que te han dicho...
¡Poco riego, poco riego Ana por dios!
Bueno. ¡Lo salve! no murió. de echo lo sigo teniendo, y con muchos hijitos, de los que no se que hacer.
Ese aloe que no mate, al año siguiente mientras comenzaba a ir a terapia y me curaba el corazón y la mente, comencé al mismo tiempo a tener curiosidad y a querer probar. Le compre una amiga a mi aloe. No sabría decirte qué planta compré, tengo mala memoria (la ansiedad y la depresión) pero han pasado alrededor de 6 años desde esa primera planta a la que conseguí no moricionar. Y ahora puedo decir orgullosa que voy camino de convertir mi casa en mi jungla personal.
Y todo este rollo ¿a que viene? Venía a reflexionar que me he dado cuenta de lo caprichosas que son las plantas, como dignos seres vivos que son, casi parecen que tienen sentimientos. Sufren, eso seguro. Notan los cambios de temperatura. Este verano 2025 ha sido duro para más de una. Y otras que no han conseguido superar el calor a pesar de mis esfuerzos.
He conseguido que las plantas tropicales más fuertes sobrevivan al verano de Alicante. ¿Cómo? Lo descubrí gracias a mi amiga M. Estábamos contemplando sus preciosas plantas y hablando de lo bonitas que las tenía, ella me decía que, las plantas que ponía en un grupo juntas, parecían más contentas, más verdes, más frescas, crecían más rápido.
Ese día llegué a mí casa y junté a las plantas tropicales que más problemas me estaban dando. Seguro que a tí te está pareciendo de lo más lógico porque hay millones de sitios en internet de expertos sobre plantas que te dicen esto mismo. “Juntar las plantas ayuda a mantener la humedad ambiental”. Yo no te estoy descubriendo nada nuevo, lo sé.
Yo simplemente venía a reflexionar conmigo misma sobre lo sociables que son las plantas. Y que parecidas me parecen a las amistades. Como subestimamos la naturaleza cuando caen lluvias fuertes. Sufrimos por las pobres plantas que están siendo golpeadas por el temporal de frío, lluvia torrencial, o el calor abrasador. subestimamos a las plantas pensando que si la pongo en este sitio que más da, si es una planta, ni siente ni padece. Primer error.
Subestimamos a las plantas cuando plantamos un aguacate para atarlo a nuestro antojo con un alambre, y que coja una forma marcada por nosotros. El control sobre la naturaleza, personalmente no me gusta. Pero entiendo y respeto a quien lo practica.
Nos olvidamos de pensar que son seres vivos. Que si sienten que los cortas o cambias de lugar o de tierra o maceta. Sienten la falta de luz o el exceso. He aprendido que cada una de ellas tiene unas necesidades diferentes, tal cual nosotras las personas. Aunque insistamos en meternos en el mismo molde, el molde que muchas veces queda pequeño.
Las raíces se salen, en esa ventana da mucha luz, o muy poca.
Las relaciones con las personas son como plantas. Si a una la riegas demasiado la ahogas.
Y a otra si la riegas poco se marchita y se seca. ¿ Cuál es el punto perfecto de cada una?
No lo sé. Hay que pararse a mirar. Hay personas que quieren todo fácil.
Cojo una planta la pongo aquí, le doy agua. ¿Planta feliz?
Y piensan igual de las relaciones humanas.
Conozco a una persona (amigo, pareja, lo que sea), ella me conoce.
Nos reímos, lo pasamos bien, me escucha y acompaña cuando lo necesito.
¿Qué más se necesita?
Quizá tu nada.
Pero ¿te paras a pensar en lo que necesita la otra persona?
Pues el mundo de las plantas es eso. Pararte a mirar, entender que necesita.
Cuando necesita agua y cuando es malo volver a regar.
Un bonsái no necesita los mismos cuidados que un cactus.
Si intentas cuidar a un cactus como si fuera un bonsái lo ahogaras.
Y al bonsái lo matarás de sed.
Las personas somos iguales.
Yo no necesito los mismos cuidados y atenciones que otra, es cierto que no necesito que estén pendiente de mí cada día.
Y yo no estoy pendiente de mis amigas cada día.
Pero si necesito que si me mandas un mensaje porque tienes un mal día y necesitas desahogarte, al terminar con tu monólogo, que por supuesto voy a escuchar, me preguntes "Bueno amiga, y ahora tú cómo estás? Cuéntame.
Pero para muchas personas, la amistad significa, mando un mensaje o llamo a esta amiga, me paso dos horas contando mis problemas y me voy a casa totalmente descargada y sintiéndome liviana como una pluma.
Pero yo, esa amiga que te ha escuchado durante dos horas pacientemente, vuelve a casa con la energía drenada, preguntando porque su amiga es incapaz de preguntar
“como estas tu, te pasa algo? ¿Qué tal los niños? me dijiste que te dolía la espalda, estás bien ya?”
La amistad es una autopista de doble sentido. Donde uno da pero también espera recibir.
Y muchos pensaran, bueno chica pues habla y di tu misma que estas mal.
Si efectivamente, lo hago. O al menos lo he intentado. Y mis esfuerzos por ser escuchada caen en saco roto, porque ella solo quiere seguir hablando de sus problemas. O de sus batallas.
Y luego se preguntan por qué me alejo. Porque no puedo más. Porque no me siento escuchada. No siento que sea relevante en tu vida salvo como basurero emocional.
Porque solo me buscas cuando necesitas algo, cuando estás sola, cuando te aburres porque no tienes ningún plan mejor.
Contigo me siento como un comodín. Un juguete que la niña usa cuando se aburre, y cuando no, permanece a la espera de que la niña vuelva para jugar.
Spoiler, no soy tu juguete. No voy a esperar.
Nadie debería vivir así. Y enseñaré a mis hijos a no vivir así.
Y tonta de mí te di otra oportunidad. Volvimos a hablar, intente ser tu amiga y tratarte como trato a todas las demás. Una amiga a la que escuchar y con la que desahogarme, quedar de vez en cuando para tomar una copa o un café. Y todo parecía normal hasta que volviste a comportarte como eres en realidad.
Porque una persona no puede fingir eternamente lo que no es. Demasiado esfuerzo.
Volviste a desaparecer. Todo te iba bien así que yo volví a ser irrelevante.
Esta vez lo vi venir. Esta vez sabía que estaba pasando. Recuerdo nuestra última conversación.
Me dijiste que la maternidad te tenía sobrepasada y necesitabas quedar. Dije que sí, pero te ibas de viaje a Barcelona todo un fin de semana. Te dije que me alegraba por ti y que te lo merecias, que lo disfrutaras mucho, y que me avisaras al volver la semana siguiente para quedar una noche y dar un paseo al atardecer ya que era verano y hacía mucho calor.
Que me avisaras con antelación, para hablar con mi marido y organizarnos.
No volviste a responder. Desapareciste como si la tierra te hubiera tragado. Pasó una semana y pensé que estarías liada con el trabajo. Pasaron dos semanas, y recibí la noticia de que un amigo se encontraba en el hospital con su vida en alto riesgo.
Así que en ese momento decidí que tu ya no importabas más.
Pasaron tres semanas, y nada. Un mes después, coincidimos en la piscina de una urba, y sabía que intentarías acercarte como si nada hubiera pasado.
Efectivamente. Intenté ser cordial, pero cuando intentaste llorar sobre que te habían cancelado tu viaje a Asturias en el último momento, corté la conversación y me fui a conversar con otros.
“no pienso seguir tu juego” pensé.
Mi marido que vió la escena me contó la cara de cabreo máximo que pusiste. Ya me imagino que no debió sentarte nada bien, que el juguete comodín decidiera saltarse las normas del juego y salirse del redil.
Entonces pasaron tres meses, seis meses… Silencio.
Ahora un año después, de cero mensajes, cero conversaciones, cero disculpas, mandas likes y corazones con las fotos del grupo de whatsapp. No te sales del grupo, y no hablas apenas, pero haces saber que sigues ahí. Lo pillo. Volverás cuando lo necesites. O al menos lo intentarás de nuevo en otra ocasión.
Pero yo seguiré la misma estrategia. No me vas a encontrar. Mi puerta se ha cerrado para siempre. Tengo muy claro lo que quiero en una amistad. Y no quiero lo que tu no das.
Buscas atención, validación, compresión, empatía, exiges ser atendida. Pero no das nada de eso. Y las relaciones unidireccionales no tienen futuro a largo plazo, ya deberías de saberlo.
O quizá no…
Solo deseo que encuentres lo que buscas en otra persona. Que seas feliz. Y que me olvides.

Comentarios
Publicar un comentario