Las plantas y yo. Las amistades y yo.

 Hace ya unos años que me introduje en el mundo de las plantas. Era un universo al que había intentado entrar algunas veces, pero no se me daban bien. Bueno, ahora que lo pienso, no le dedicaba el tiempo necesario. Aunque creamos que las plantas son fáciles de cuidar, ya que solo se trata de ponerles tierra y agua... Pues no. Hay mucho más detrás. son prácticamente como bebés. algunas necesitan más cuidados que otras. Algunas son caprichosas y ese rincón no les gusta y se marchitan. A otras no les gusta estar en la calle, y necesitan estar dentro de casa.  Es un sin fin de cuidados que tardas en aprender. No tenía la paciencia para ello. Además cometí el error de comenzar con un bonsái, porque me parecía bonito. Y ya te podrás imaginar lo que le pasó al pobrecito bonsái; Sí, se fue con san pedro. Lo dejé durante un tiempo. Y unos años después tocó a la puerta una vecina. Llevaba en brazos una maceta algo grande con una planta puntiaguda. Un aloe vera. Me dio algunos consejos b...

El cuento de Cenicienta que no nos contaron

 ¿Qué bonito el cuento de Cenicienta verdad? 

 


Aunque al principio todo mal. Su padre muere, y se queda al “cuidado” de una madrastra muy malvada y sus dos hermanastras que la tratan como a una sirvienta. Pero al final llega un príncipe que la salva de toda esa cacucia de vida y se casa con ella. La saca de ahí y le da una vida mejor. La que ella se merece. 

 

Dejando a un lado nuestro lado feminista y sabiendo que Cenicienta podría haber decidido sola salir de ahí, yo quiero centrarme en otra cosa. 

 

En el estrés post traumático que debió sufrir cenicienta al salir de ese infierno, y del que nadie habló. 

Estoy segura de que cenicienta necesito un psicólogo/a para superar todo ese calvario sufrido durante años. Y si no, se volvió una persona controladora. Manipuladora quizá sin darse cuenta. 


Pero en el caso de que fuera un psicólogo a tratarla. ¿Te imaginas el proceso que pasó? Eso nadie te lo cuenta. La lucha interna por sanar. Porque si, ya estas fuera de todo eso, pero tu mente no lo sabe. Tienes un príncipe que te da mucho amor, comprensión, pero tú no crees merecerlo. Y crees que en algún momento todo se va a derrumbar. Te autosaboteas sin darte cuenta, pero tu pareja es un verdadero príncipe encantador que hace lo que sea para que sepas que no se va a marchar.  


Pero tu mente no te deja verlo. Y en cada sesión de terapia te encuentras peor. Te das cuenta de los miedos internos que no sabias expresar. Flashes de cosas pasadas que vuelven para atormentarte. Cosas que creías olvidadas, cosas que te habían dicho que exagerabas, que no eran para tanto. Pero que vuelves a revivir y si, dolieron y ahora años después te duelen igual que entonces.  

 

Y te da rabia, lloras de rabia sabiendo que merecías estar a salvo, sentirte segura, que no tenías culpa ni merecías vivir algo así. Que solo eras una niña pidiendo amor y comprensión. Pero al no recibirlo te hiciste una armadura. Te alejaste, decidiste cuidarte sola. Resolver tus problemas sola. Pero ahora de adulta esa armadura te viene pequeña, y está tan pegada a tu piel que no sabes cómo sacártela sin arrancarte la piel a tiras.

 

Esa armadura ya no te hace falta, tienes otra familia que, si te quiere de verdad, pero tú no sabes cómo quererlos bien, y haces lo mejor que puedes. Pero crees que nunca haces suficiente. Que podrías hacerlo mejor, pero hay algo dentro de ti que está roto. 


Otra persona lo rompió, y ahora es tu responsabilidad arreglarlo para poder convivir en paz contigo misma y con la familia que te quiere como te mereces y te merecías.  

Todos hablan de lo “bien” que acaban los cuentos cuando alguien viene a sacarte del pozo. Pero poco se habla de cómo sacas a tu mente del pozo. Porque una parte de ti sigue ahí. 


Querida Cenicienta, no lo merecías. Te comprendo, te entiendo, te quiero.

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