Las plantas y yo. Las amistades y yo.

 Hace ya unos años que me introduje en el mundo de las plantas. Era un universo al que había intentado entrar algunas veces, pero no se me daban bien. Bueno, ahora que lo pienso, no le dedicaba el tiempo necesario. Aunque creamos que las plantas son fáciles de cuidar, ya que solo se trata de ponerles tierra y agua... Pues no. Hay mucho más detrás. son prácticamente como bebés. algunas necesitan más cuidados que otras. Algunas son caprichosas y ese rincón no les gusta y se marchitan. A otras no les gusta estar en la calle, y necesitan estar dentro de casa.  Es un sin fin de cuidados que tardas en aprender. No tenía la paciencia para ello. Además cometí el error de comenzar con un bonsái, porque me parecía bonito. Y ya te podrás imaginar lo que le pasó al pobrecito bonsái; Sí, se fue con san pedro. Lo dejé durante un tiempo. Y unos años después tocó a la puerta una vecina. Llevaba en brazos una maceta algo grande con una planta puntiaguda. Un aloe vera. Me dio algunos consejos b...

La máscara de la simpatía


 

Tiene cara bonita.  

Ojos hermosos. 


Una sonrisa que enamora. 


Cada foto que comparte en redes tiene una pose distinta, mejor. 


Así se ven las piernas esbeltas. 


Así tapa la tripa. 


Así disimula papada. 


Así aparenta más glúteos. 


Y en esta además rodeada de gente a la que aparento querer y que me quiere. 


A todos les gusta esa máscara. 


'Me alaban por ello.  

Me quieren por ello. 

Me admiran por ello.' 


Nadie sabe lo que hay debajo.  


Espero que nunca lo lleguen a saber. 


Porqué descubrirán que los muslos, el culo, la barriga, que ellos tanto admiran. En verdad los odio.

  

Da igual que talla use, siempre creo que puedo ser más delgada. 


Pero necesito que me digan lo bonita que soy. Lo necesito con desesperación. 


Si no me lo dicen caigo en una tristeza que me ahoga el alma. 


Espero que esas personas de las que presumo no sepan nunca que en realidad no las quiero.

Las necesito. 


Necesito su aprobación. Su compasión. Su pena. Así me siento bien, y protegida. Aunque nunca llego a sentirme del todo llena. Me sigo sintiendo vacía. No comprendo que me falta. 


Espero que nadie se entere que mi matrimonio es un fracaso. Pero nunca le dejaré. Porqué prefiero mil veces este jardín de flores podridas que estar sola. 


¿Qué hay forma de cambiar ese pensamiento? 

 

No creo que sea nada bueno. No conozco nada más. Esto es lo mejor que puedo hacer por mí y mis hijos. Seguiré fingiendo que todo está bien. Seguiré llevando esta máscara de simpatía y bienestar.

  

Porqué la alternativa a esta máscara es la oscuridad. 


La oscura y tenebrosa soledad. 

Revelar mi verdadero ser. 

 

Revelar al mundo que no soy perfecta, jamás.

 

Revelar al mundo que tengo defectos, ni en sueños.

 

Revelar al mundo que todo es una fachada como muchos en redes sociales, por encima de mi lindo cadáver. 


Me gusta mi máscara y la seguiré llevando. 

 

La llevaré hasta que alguno de mis hijos se revele contra mí y me obligue a ver la mierda que he guardado tanto tiempo. 


Una mierda que les está salpicando, pero por amor a mi máscara no les pienso evitar.

 

Ya se limpiarán ellos solitos cuando sean adultos. ¿Cómo se llamaba eso a lo que acude la gente? 


¿Terapia? 


Eso no es para mí. 


Piensa ella mientras sigue fingiendo que todo en su vida va bien y vuelve a ponerse su mascara.

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